Banco estilo Roubo

El primer proyecto que construí en mi taller casero, apenas empezando a aprender de carpintería y con ayuda de mi compinche, César, fue un banco de trabajo. Improvisamos con materiales disponibles, sobrantes de mi muro de escalar y la mesa de póquer. Mientras lo constuíamos, enfrentamos el problema del huevo y la gallina: para hacer el banco necesitábamos un banco. Usamos un Black and Decker Workmate que había sido del abuelo de Laura y que aún está en mi taller. ¡Gracias, Clemencia! Improvisando con lo que habíamos aprendido en unas pocas clases con Salvador, sin hacer planos, e hicimos un banco que ha resistido muy bien y ha servido para todo. Pero desde esa época he querido hacer un buen banco. Un banco para toda la vida. Un banco que me sobreviva.

Después de varios años de trabajar en mi banco improvisado, decidí construir uno macizo, al estilo Roubo, inspirado en el que describen Jacques André Roubo en su famoso "L'Art du Menuisier" y Christopher Schwarz en "The Workbench Design Book". ¡Ha sido una gran aventura!

Plate 11, Roubo

Leí los libros de Chris Schwarz (Workbenches y The Workbench Book), de Scott Landis, de Lon Schleining e hice varias versiones de planos detallados en SketchUp hasta decidirme por un estilo Roubo, como el que se ve en la famosa imagen de su libro "L'Art du Menuisier" (grabados aquí) y que promueve casi religiosamente Schwarz. En cuanto a la madera, escogí el sapán. Schwarz (y Roubo) recomiendan una madera densa y pesada (pino amarillo el primero y roble francés el segundo). El sapán es una de las maderas más duras y pesadas que se consiguen en el país, además de que me encanta el color. Según los estudios del Sena y la U. Nacional de Medellín, tiene una densidad de 0.97 g/cm3 (seca al aire) y un coeficiente de elasticidad (MoE) 246 x 103 Kg/cm2. Cualquiera que haya intentado trabajarla lo sabe: es dura, muy dura. Es pesada, muy pesada. Es perfecta para un banco de este tipo.

Compré la madera hace casi un año, en Maderas el Bosque y la dejé secando al aire, no sin antes haber fracasado intentando cepillarla a mano. Al menos pude marcar la dirección del hilo, para cuando lograra pegar el tablero. Corté las vigas en dimensiones gruesas y la arrumé, separando la del banco del resto. Me sobró bastante, que he usado para otros proyectos.

Tras el intento fallido de cepillar la tapa, llegué a la conclusión de que no lo iba a lograr sin usar algunas máquinas que no tengo, como una planeadora y un cepillo (regruesadora), así que le pedí a mi maestro y amigo Juan Carlos, en la EAOSD, que me dejara trabajar en mi banco durante su curso libre de máquinas. Mi amigo Rafa Zamudio se pegó al plan del banco Roubo y el resto del curso decidió también hacer bancos, con el diseño tradicional de la Escuela.

  

Ha sido una grata aventura que ya casi termina. Ya vamos en el sexto sábado y aunque me ha rendido menos de lo esperado, voy avanzando. No alcanzaré a dejarlo armado durante el curso, pero estará muy cerca de estar listo.

Semana 1: Planeé y canteé las patas y chambranas y le ayudé a Rafa a despiezar un enorme bloque de flor morado para su banco. En el proceso de movel el bloque me corté el dorso de la mano con la punta del gigantesco pedazo de madera (aún no entiendo cómo). Fue una cortada fea, pero poco grave (que ahora, dos meses después, ya sanó perfectamente). La foto está aquí, pero no lo pongo directamente en el blog por consideración con quienes no pueden ver heridas sin sufrir un patatús.

Semana 2: Corté mis patas a la medida en la acolilladora y le ayudé a Rafa a seguir preprando la madera de las suyas. Me las llevé para mi taller y corté los ensambles de las patas con la tapa, las famosas colas de milano que son el sello del banco estilo Roubo.

   

Semana 3: Merceano me ayudó a llevar la madera de la tapa. Cinco vigas de 12x8x180cm. Planeé y canteé esas vigas y Juan Carlos me había recomendado reforzar la tapa con varillas roscadas y tuercas en lugar de solamente pegarlas. Trabajé toda la clase con un barreno haciendo huecos de 1/2" para las varillas y fracasé.

Semana 4: Con una broca un poco más grande (9/16" para una varilla de 1/2"), logré hacer los huecos y dejar pegando la tapa con un poco de trabajo depués de almuerzo, mientras Juanca tallaba con una enorme pulidora. Una vez pegado, Antonio y Juanca me recomendaron lijar el sábado siguiente con lija 36 y una lijadora manual de banda. Mientras me hablaban de la lijadora, yo me imaginaba a mí mismo cepillando con mi Jack (Stanley #5) y mi Garlopa (Veiritas BU Jointer). A ellos les pareció un poco descabellada la idea de cepillar semejante tablero de sapán a mano.

En mi pequeño taller, trabajé en el deslizador que va entre la tapa y la chambrana larga. Cepillé, corté la curva en la sinfín (con dificultades por problemas con la cinta y el soporte inferior que tengo que corregir) y luego limpié los cortes con un cepillo de vuelta. Las caras las alisé un poco con raspa y luego hice los huecos para los perros o prensas (holdfasts) con el berbuiquí.

Semana 5: Llegué a clase armado con mi Jack, mi Garlopa y mi recta de referencia (straight edge), listo para sudar. Tres horas y media más tarde había planeado la cara superior. Había empezado bastante cóncava y ahora se veia muy bien. Salí corriendo para TEDxYouth@GLM, el evento organizado por mis queridos estudiantes de undécimo desde hace tres años.

Semana 6: De nuevo llegué con mi kit de aplanado manual y trabajé toda la clase, esta vez en la cara inferior. En total, entre la planeada y el cepillado de cada viga antes de pegar (con máquinas) y el cepillado manual después de armar el tablero, quedó una tapa de 6.5 centímetros de grueso un poco menos de lo que me habría gustado. El ancho quedó en 57 cm y dejaré el largo en 170 cm. ¡No preví bien tanto desperdicio!

   

Aprovechando el puente, en mi taller, trabajé en los cajones que ensamblan las patas con los espigos de las chambranas. El sapán acaba en el filo de las herramientas de manera fenomenal. Me tocó reparar mi formón después de cada cajón, pues quedaba completamente roto. ¡No desgastado, roto! Mi piedra japonesa grano 700 sufrió bastante y fue una gran oportunidad para practicar afilado. Hice siete de los ocho cajones. Completamente a mano. Con mazo y formón. No seguí la sugerencia de Schwarz (que seguiré para la tapa) de hacer los huecos primero con un berbiquí y solamente terminar con formones. Esta vez quería practicar hacer cajones rectos y limpios. Me quedaron bastante bien.

   

Me quedan dos clases. No voy a terminar en el curso, pero espero dejar hecho todo lo que no puedo hacer en mi taller, para solo llevarme las partes para terminar de armarlas, trabajando a mano. Tendré que hacer los ensambles de la tapa y los espigos de las chambranas cortas en la casa.

Creo que trataré de usar el tiempo que me queda en la escuela para preparar las chambranas, cortar los espigos de las cortas, taladrar la pata para la prensa vertical, cortar y perforar la prensa vertical y, si lo logro, abrir un poco del flor morado que queda del curso para el tendido inferior de mi banco y para llevarme para torno. Seguiré editando esta larguísima entrada con actualizaciones.

EDICIÓN Junio 12: Semana 7: La semana anterior dejé pegando la prensa de pata (prensa vertical), pues no tenía una tabla tan ancha y me tocó usar dos y dejarla un poco más angosta de lo que había planeado en el diseño, de quince centímetros de ancho en la parte superior. Esta semana aproveché para cortar la forma general en la sinfín, arreglar las curvas con mi cepillo de vuelta plano y uno redondo de la escuela y para usar un taladro de árbol (que no tengo en mi taller) para perforar la pata y la prensa. El domingo, en mi taller, terminé de armarla y quedó bastante bien. Ahora tengo que tornear el palo para el tornillo. Lo haré bien sencillo.

Adicionalmente, trabajé en profundizar las cajas (cajones, ing. mortises) de las chambranas largas, pues los cinco centímetros que tenían me parecieron poco profundos. Me falta arreglar un par de colas de milano de las patas que no me quedaron del todo bien solo son el serrucho.

   

En la última clase, trabajaré en preparar nueva madera para las chambranas, aunque no los puedo cortar hasta no que no estén hechos lo ensambles de la tapa, que haré luego en casa. Creo que por ahora no puedo hacer más en la Escuela sin llevar las todas las partes que tengo en mi taller (lo que no vale la pena para la última clase).

Aprovecharé el tiempo para alistar partes de la mecedora (plantillas, moldes, jigs) que necesito que mis compañeros me presten para poder avanzar en mi propio taller en la silla que trataré de hacer solo.

EDICIÓN JULIO 7: Semanas 8, 9, 10 y 11

En la última clase preparé la nueva madera para las chambranas aprovechando las máquinas de la escuela y abrí un bloque de flor morado al que tenía derecho por el curso. Avancé poco en el banco. Jaime, un compañero del curso me ayudó a llevarme todo en su camioneta a mi estudio-taller, donde trabajé los tres siguientes fines de semana en los ensables de las patas con la tapa y las chambranas.

Las colas de milano que ensamblan la tapa con las patas no son fáciles ni rápidas de hacer. Cada una me tomó alrededor de tres horas. La dificultad redica no solamente por la profundidad de las cajas que toca excavar (sumada a la dureza del sapán que me obligó a afilar los formones dos veces para cada ensable), sino por los ángulos que son visibles desde el frente. Ha sido un tarea compleja en la que he cometido varios errores que tendré que reparar. Ninguno de los cuarto ensambles está perfecto, aunque ya en todos entran las patas.

Lo hice así:

1. Marqué con las patas, que ya tenían cortados los ensambles y luego taladré con un berbiquí y una broca auger de 5/8" (los espigos son de 3/4"). Los huecos sobrepuestos del berbiquí los ajusté con formones.

Luego corté los ángulos de las colas de milano con un serrucho japonés (Dozuki) muy delgado. Este corte no fue nada fácil y me mostró que necesito practicar mucho más mi uso de los serruchos para cortar con mayor precisión y evitar errores.

Aunque pensaba que mis espigos habían quedado bastante bien, tuve que ajustarlos todos usando una lima gruesa y formones para que encajaran bien. Todos tenían defectos que impedían su funcionamiento. El proceso de ajuste para cada pata me tomó bastante tiempo.

Finalmente quedaron usables, aunque tendré que remendar mucho y están lejos de ser perfectos o del nivel de precisión que me habría gustado lograr.

 

Con estos ensambles listos, medí las chambranas cortas y corté los espigos. Esto es mucho más fácil que los ensambles anteriores y fue una nueva práctica con el serrucho, aunque todavía me toma mucho tiempo. Falta mucho práctica de esta habilidad.

Planos en SketchUp y textos:

 

  • Libros sobre bancos de bancos de trabajo:

- Landis, Scott. The Workbench Book: A Craftsman’s Guide from the Publishers of Fine Woodworking (Craftsman’s Guide To). Taunton Press, 1987.
- Schleining, Lon. The Workbench: A Complete Guide to Creating Your Perfect Bench. Taunton Press, Incorporated, 2004.
- Schwarz, Christopher. The Workbench Design Book: The Art & Philosophy of Building Better Benches. F+W Media, Inc., 2011.
- Schwarz, Christopher. Workbenches: From Design And Theory To Construction And Use. Popular Woodworking Books, 2007.
- Primera traducción al inglés de una parte de "Roubo", donde, entre otros, habla del banco estilo alemán (un Roubo con una prensa en la cola): Williams, Donald C. To Make As Perfectly As Possible: Roubo on Marquetry. Lost Art Press LLC, 2013.

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