Clases, leer, leer y leer

Ayer terminó la primera semana de clases. Fue una semana interesante, en que me reencontré con la vida académica y lo que significa tener que estudiar y leer y prepararme para las clases. Fue una semana dura, en que leí más de lo que había leído en todo el año y dormí menos de lo que había dormido hace mucho tiempo. Eso sólo quiere decir que tengo que mejorar mis técnicas de estudio o no voy a sobrevivir el semestre, o que mi consejera académica tenía razón cuando me dijo que tomar cinco materias era realmente pesado. Tendré que dejar de tomar notas de todo lo que leo y empezar a solamente subrayar y hacer anotaciones al márgen, lo que no ayudará a mi memoria a corto, muy corto plazo, pero de eso se trata la idea de mejorar mis técnicas de estudio. También está la opción de no leer absolutamente todo lo que me asignan sino seguir los consejos de algunos, incluido el grupo de técnicas de lectura que se reúne y dicta talleres en la bilbioteca, y "skim" (ojear) las cosas y leer los apartes que me parezcan más importantes de algunas cosas y las que más me interesen sí leerlas completas. Ya veremos cómo avanza el semestre y cómo me va la siguiente semana. Afortunadamente la Nacional es una bueno universidad y no me sentí mal preparado para lo que he tenido que enfrentar: incluso levanté la mano y opiné en la mayoría de mis clases. En la Nacional tuve buenos profesores (unos mejores que otros, obviamente) a quienes agradezco la preparación y exigencia. Recuerdo especialmente las discusiones en las clases de Porfirio, las excelentes y muy exigentes clases de Felipe Pardo y Julia Baquero, la práctica docente con Carolina y el trabajo de grado con Genoveva).

A pesar de la buena preparación de la Nacional y seguramente debido a que esa es mi /alma mater /me impresionó tremendamente la infraestructura con que contamos aquí en Harvard. Todos los salones tienen (por lo menos) un computador y un video beam, un VHS, conexiones de red para que los estudiantes conecten sus computadores portátiles a la red de la universidad, luces con "dimmer" que se controlan con un panel al lado del escritorio (estación de trabajo, más bien) del profesor... en fin... todos los juguetes. En cada una de las clases, mientras los profesores usaban. Viendo esto, y cómo los profesores nos mostraban videos, cortos de películas, páginas web, notas en PowerPoint y demás como parte natural y muy fluida de su modo de instrucción, no podía dejar de pensar que cuando estaba en el San Carlos no logré convencer a las directivas de la importancia de tener cuando menos un video beam en la sala de computadores. Tampoco podía dejar de pensar que tal vez esa estrategia de tener "salones de computadores" no sea la mejor y en lo bueno que sería tener unos cuantos computadores en cada salón en lugar de instalarlos solamente en salas de cómputo, donde sólo se pueden aprovechar preparando toda una clase centrada en la tecnología y no como un instrumento del trabajo diario y la labor del día a día, como lo son en el "mundo real" fuera de la escuela. La distribución de "salas de cómputo" es importante cuando toda una clase se puede puede centrar en el uso de una herramienta computacional, lo cual a veces es el caso, pero otras veces implica abandonar otras estrategias del trabajo tradicional del docente. Todo esto lo pensaba desde aquí, desde "la torre de marfil" como muy acertadamente llama una mis profesoras a nuestra posición privilegiada en una universidad con un presupuesto de 2,400 millones de dólares al año, presupuesto que, según mi analista económico de cabecera, sería vagamente equivalente a los presupuestos sumados de Bogotá, Medellín y Cali para un par de años de administración.

Esta fue una semana dedicada principalmente al estudio y al comienzo de la vida académica. No tuve tiempo de realizar mis observaciones detalladas de ardillas y hojas de árboles, ni de salir con mis compañeros a tomarme unas cervezas, cosa que algunos de ellos sí hicieron. Tampoco tuve tiempo de ir a cine con Rocha, cosa que habíamos planeado desde la semana pasada, ni de ir al festival de video digital que estuvo en Boston el fin de semana pasado.

Hoy me dedicaré al descanso y las actividades lúdicas, entre ellas reunirme con dos mis compañeros a jugar con una cámara de video digital y los equipos de edición que tenemos disponibles en el tercer piso de la biblioteca Monrow C. Gutman, la biblioteca de educación. Para evitar tener que repetir pinta tan a menudo, estuve hace un rato aprovechando los descuentos en The Gap para comprar un pantalón de pana y un par de camisas, haciendo shopping, actividad que en este mundo consumista que es los Estados Unidos, es considerada lúdica. Tal vez esta noche sí vaya a cine y si logro hablar con Rocha para que me aconseje acerca de cuánto dinero necesitaré de aquí al 15 de noviembre, fecha en que me llegará el nuevo giro de Colfuturo, hasta de pronto compre un nuevo portátil con el plan de descuentos que tiene la universidad a través de IBM. No son los más bonitos, pero sí los más baratos... con descuentos del 49% para estudiantes de la universidad.

Mi vida el dormitorio ha seguido siendo tranquila a pesar de la demolición que están llevando a cabo justo detrás de Conant Hall. De vez en cuando se oye un fuerte silbido, luego una vibración de todo el edificio y luego otro silbido indicando que ya acabaron de dinamitar. En las mañanas, a eso de las 6:30 o 7:00 empiezan a llegar los camiones a la construcción y los pitos esos que suenan cuando están echando reversa han sido un excelente despertador que me motiva a levantarme aunque mi primera clase sea a las 9 o 10. Eso ha sido bastante práctico dado mi hábito de dormir más de la cuenta y no levantarme sino hasta el último minuto. Ahora me levanto con tiempo hasta para desayunar... un café negro y un pedazo de pan, revisar el correo y mirar el tiempo a ver si ha pasado algo nuevo e importante en el país, o nuestro querido presidente ha tenido alguna de sus geniales salidas como atacar alguna ONG por sus críticas a su gestión o descalificar a algún organismo multilateral. Parece que el país ha estado tranquilo últimamente, pues las noticias son profundos estudios acerca de desfiles de modas o discusiones sobre la situación de alguna empresa portuaria en bancarrota y los triunfos de alguna selección colombiana en unos de los millones de torneos de fútbol que ahora hay en el mundo... no que no me alegre que ganen, simplemente me impresiona la cantidad de torneos que hay: sub-cualquier cosa y mayores y olímpicos y demás.

El último detalle antes de cerrar: el fin de semana pasado, cuando estaba tranquilamente sentado leyendo, se disparó la alarma de incendios del edificio y todos, entre confundidos y preocupados, salimos organizada y tranquilamente a esperar que llegaran los bomberos. El insoportable pito nos acompañó hasta afuera, donde, confundidos, empezamos a hipotetizar: alguien estaba fumando dentro del edificio, dijo alguien... a mí me olió a marihuana cuando entré, respondió otro. A los pocos minutos llegaron dos camiones de bomberos y entraron a ver qué pasaba: algún inepto había quemado algo en la cocina del cuarto piso. De vuelta a la normalidad, entramos y retomé mi lectura del "Handbook of Online LEarning" que pensaba tenía que leer para el lunes, pero resultó que no era sino para la siguiente semana, es decir pasado mañana.

No he recibido solicitudes de cancelación de la suscripción a mis largas epístolas, así que la lista sigue igual. Para quienes se preguntan por qué un mensaje dirigido a mí mismo les está llegando, la respuesta es sencilla: la lista de destinatarios está en el campo "Blind Carbon Copy", de manera que nadie sabe a quién más le llega y así no publico los correos de la gente para que todos los demás los vean. Es un asunto de privacidad.

Si me quieren escribir, pero no saben qué contar o creen no tener nada qué contar les doy dos opciones:
1. Cuenten huevonadas, que hasta el diario vivir resulta interesante estando lejos. Para la muestra, este e-mail.
2. Mándenme recetas de cocina interesantes que mi repertorio está llegando a su fin. Se valen platos colombianos y hasta que necesiten horno. Tengo una sartén y una olla medianas, un cuchillo muy filudo, una tabla de picar, tres cucharas de palo, una refractaria mediana y un tazón pequeño. Tengo acceso a un horno normal, un micro-ondas un horno tostador y una nevera con congelador. Nada que incluya guascas u otras cosas demasiado colombianas o difíciles de conseguir.

Un abrazo a todos y espero que todo esté muy bien.

Nando

P.S. A quienes escribieron diciendo que quieren seguir recibiendo mis mensajes, les agradezco el amable gesto y las alabanzas a mi patético estilo de escritura.

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