Llega el otoño y con él la primera semana de clases

El día que llegué me dijo mi anfitrión de una noche, cuando me quejé por el calor que estaba haciendo, que el otoño por estos lares llega se zopetón. Un día los árboles son verdes, las plantas floridas y al día siguiente, sin que haya habido puntos intermedios, las hojas están todas en el piso y sólo quedan esos deprimentes esqueletos de árboles preparados para el invierno que estoy seguro todos hemos visto en fotos. Eso aparentemente era una exageración, pero es cierto que el otoño llega se golpe, aunque el golpe puede ser un día distinto para cada uno, según su grado de atención al mundo que lo rodea. Para mí ese golpe fue hoy. Ayer fue un día horrible en que no paró de llover hasta bien entrada la tarde y la temperatura estuvo sospechosamente bogotana todo el día, situación que yo asimilé a la lluvia y a lo gris que estaba el cielo. El viento sopló frío todo el día, viento del norte que nos obligó a ponernos sacos de lana o "jerseys" con el logo de la conocida H de la universidad y chaquetas con capucha para mitigar el efecto de la lluvia en la cara. Yo aún no he comprado mi jersey de creído estudiante, así que me tocó ponerme un saco y mi chaqueta negra, la única que traje. Pasé el día haciendo labores domésticas, como barrer mi pequeña habitación (para lo que tocó salir a comprar una carísima escoba), lavar mi ropa y hacer compras necesarias para dotarme de utensilios que me permitieran usar la cocina comunal que compartimos los habitantes del tercer piso de Conant Hall.
En la noche me dediqué a leer para preparar mis clases de la próxima semana, la primera del semestre, para las cuales ya tengo variadas tareas, entre las que se cuentan largas lecturas, la creación de una página web personal, descarga de videos en Internet y navegación de páginas web de proyectos de investigación de mis profesores. Afortunadamente aún no tengo que escribir nada. Me dieron las dos de la mañana en esas labores de estudiante, y muy ilusamente pensé que me levantaría temprano hoy para seguir trabajando. ¡Gran engaño! Me levante después de las diez y acabo de terminar de desayunar un delicioso café colombiano con tocineta de alguno de los 52 estados de la unión. Es el colmo que a los pobres productores les paguen tan poco por su café cuando aquí una libra vale más de lo que vale un bulto por allá. Entre la tocineta y el café bajé a fumarme un cigarrillo en camiseta (lo cual parecía apropiado desde aquí, con un cielo despejado y azul y un día soleado como de verano) caminando por los alrededores de Conant Hall. Pero el frío me obligó a entrar con presteza, no sin antes haber notado que los árboles de los alrededores ya están perdiendo sus hojas y de las que les quedan ya la mitad están cafés y secas. ¡Llegó el otoño! Y con él un clima más soportable para un bogotano que no gusta de temperaturas calentanas, melgareñas, caleñas o armenienses, a no ser que esté de vacaciones junto a una piscina o junto al mar, o visitando amigos que desertaron la gran ciudad, o han ido dizque a casarse lejos de la única ciudad del país, la hermosa Bogotá.
Esta semana que termina fue la semana de orientación, o más bien de desorientación, pues nos dieron tanta información que lo mejor fue evitar procesar más de la mitad para evitar una sobrecarga y guardar sólo la estrictamente necesaria. Entre las diversas actividades tuvimos un par de reuniones del programa de estudios donde nos aconsejaron cómo seleccionar clases, dónde ir a comer, con quienes hablar sin estamos demasiado confundidos y hasta cómo hacer para conseguir comida gratuita asistiendo a eventos de los miles de clubes y grupos de estudiantes de la universidad a los que no pertenecemos. Además de eso pude registar mi computador con la policía de la universidad, que a diferencia de los celadores de la Nacional sí son parte de la institución policial y por una módica suma lo metí en una base de datos internacional de computadores, con lo cual, afirmaron los uniformados, es casi imposible que lo roben y totalmente imposible que lo vendan si tienen el valor de llevárselo viendo la horrible placa metálica que le pegaron en la tapa con el letrero "S.T.O.P. Security Tracking of Office Property", la cual es ipposible de despegar sin dañar el aparato.
Desafortunadamente me perdí el tour de la biblioteca y estaré un poco perdido esta semana cuando tenga que utilizarla para leer algunas de las cosas que tengo que preparar para mis clases. Espero que no sea nada muy complicado y que mi instinto me guíe como a veces lo sabe hacer.
Además de todo esto, les cuento que las ardillas ya no me impresionan, pero aún no me han empezado a parecer un plaga, que mi preparación de salsa bechamel sin sacarla de un frasco impresionó grandemente a algunos de quienes comparten conmigo la cocina, y que dado que no puedo fumar en ninguna parte, he reducido el número de cigarrillos que consumo a menos de la mitad de lo que solía ser en Bogotá.

Por ahora los dejo a todos con un abrazo,

Nando

P. S. Si alguno de mis corresponsales prefiere no recibir estas largas narraciones sólo hágamelo saber y no le dé pena que no me voy a ofender... Algunos de ustedes no recibieron el primer mensaje, la semana pasada, porque fui un poco torpe al seleccionar las direcciones de mi lista.
P.P.S. Si encuentran rimas cojas en estas líneas como en la frase anterior, culpen al enano que me tiene pensando como si fuera Rafael Pombo.

Comments

Gracias a mi corrector de estilo de cabecera, mi padre, ahora les puedo decir a todos ustedes que el otoño me llegó se sopetón y no de zopetón... disculpen la incorrección.

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